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Full text of "Duermevela"

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LA HOIAQUE PIENSA^ 

© 


Matilde Lorenzo 

duermevela 






LAHOIAQUE PIENSA 






Matilde Lorenzo 


duermevela 



© Matilde Lorenzo 

© De esta edición: 

Librería Linardi y Risso 
Juan Carlos Gómez 1435 
Montevideo - Uruguay 
Tels.: 2915 7129-2915 7328 
Fax: (598) 2915 7431 
E-mail: libros@linardiyrisso.com 
w ww.linardiyrisso. com 

Diseño de la colección: Rodolfo Fuentes 

ISBN: 978-9974-675-90-2 
I a edición, junio de 2018 

Impreso en Uruguay 

Queda hecho el depósito que marca la ley. 

Todos los derechos reservados. Esta publicación no puede ser reproducida, 
ni en todo ni en parte, ni registrada en o transmitida por, un sistema de 
recuperación de información, en ninguna forma ni por ningún medio, 
sea mecánico, fotoquímico, electrónico, magnético, electroóptico, por 
fotocopia, o cualquier otro, sin el permiso previo por escrito del autor. 


Duermevela o la fantasía onírica 
que nos acomete sin permiso 


¿Dónde la poesía?, ¿dónde la prosa? ¿Cuál la 
identidad, su esencia, no su definición? La res¬ 
puesta está en la palabra misma, en los artilugios 
y las audacias perpetradas para violentar el límite 
-difuso, por cierto- donde la prosa, incluso la no¬ 
vela, puede contener al poema dialogando en el 
texto. Y esa prestidigitación de la palabra poética 
asoma en la génesis del sueño, territorio pertinen¬ 
te donde habita la incertidumbre de una realidad 
en medio de una duermevela. 

La poeta insiste -acertadamente- en nombrar 
el borde porque cuando el sol incendia la mañana / 
me detengo al borde último del sueño / donde las co¬ 
sas pasan sin pasar/y te encuentro. ¿A quién?, ¿a la 
palabra?, ¿a la poesía?, ¿o ellas son una metáfora 
del amor? 

Los textos en prosa son un nexo, un respiro ne¬ 
cesario donde el poema continúa con una sintaxis 


7 


diferente pero no libre de poesía. La palabra es 
una continuidad manifiesta en el ritmo vital de la 
poeta: Por más que abra mi boca, por más que proyecte 
las palabras que voy a decir, no puedo hablar (...) 

La vanguardia de la buena poesía donde im¬ 
porta la palabra y el lenguaje se hibridiza holísti- 
camente con el pensamiento en tiempos aciagos, 
tanto para el lenguaje como para el pensamiento: 
el resultado de la suma de las palabras/dirá mucho más 
que la simple suma de las palabras / dirá lo que nadie 
dice aunque todos piensan /los secretos mejor guarda¬ 
dos por el lenguaje. 

Duermevela es un acierto de Matilde Lorenzo, 
en el que, con absoluta fidelidad, la poeta irrumpe 
con su palabra verdadera con la que ha puesto a 
inventar mi inconsciente / en una/de mis más fermén¬ 
tales / duermevelas. 


Alfredo María Villegas Oromí 
Mayo de 2018 


8 


PARTE 1 


agujero del sueño 



cuando el sol incendia la mañana 
me detengo al borde último del sueño 
donde las cosas pasan sin pasar 
y te encuentro 


11 


Es una calle cualquiera, en un barrio cualquiera 
de la ciudad en que vivo. Temprano en la mañana, 
el sol empieza a incendiar el cielo. Camino recor¬ 
dando mi sueño recurrente, en el que despacio 
voy dando unos pasos en el aire. Me apoyo en el 
aire con sutileza, como subiendo una escalera in¬ 
visible. Cada vez más alto, cada vez más adelante. 
Hasta que logro inclinarme para quedar acostada 
boca abajo, flotando, y empiezo a impulsarme con 
mis brazos y piernas y chau: me encuentro volan¬ 
do. Las personas que habitan mi sueño me miran 
asombradas, y yo sigo avanzando: soy un pájaro 
sin alas que se precipita a recorrer la ciudad desde 
la altura. 

Esta mañana empiezo por recordar mi sueño 
mientras avanzo hacia la parada del ómnibus. Al¬ 
gunas personas esperan en la esquina, bajo el te¬ 
cho. Y de golpe lo pienso: ¿y si lo intento? Porque 
nunca intenté de verdad dar un paso en el aire, 
quizás sí pueda, y por eso sueño tanto con ello. 
Quizás sea sólo cuestión de animarse. 


12 


Así que doy el primer paso sintiendo que mi 
pierna deja de transmitir el peso de mi cuerpo, 
sintiéndome un ser liviano y delicadísimo, capaz 
de flotar. El primer paso no da resultado, pero 
no dejo de intentar con un segundo y un tercero, 
hasta que por fin, aunque me cuesta creerlo, en el 
cuarto paso mi pie se apoya a unos centímetros 
del piso. Subo todavía un poco más en el quinto 
paso, y para el sexto ya me he elevado a medio 
metro de la vereda. Me lo cuestiono de inmediato: 
¿no estaré soñando? Pero repaso mi mañana des¬ 
de el sonido del despertador, pasando por el de¬ 
sayuno de café con leche y galletas, la ducha tibia 
y la sensación de la ropa deslizándose hasta cubrir 
mi cuerpo: estoy despierta. Esto está sucediendo 
ahora, en el presente, y las personas de la parada 
empiezan a mirarme como los habitantes de mis 
sueños, con los ojos grandes y las bocas abiertas. 

Por eso decido volver al suelo, paso a paso, ba¬ 
jando la misma escalera imaginaria, y he avanzado 
tanto que casi llego a la parada a cruzarme con las 
personas atónitas. Sigo caminando al ras del piso, 
como siempre, y me encojo de hombros cuando 
paso junto a ellos, como diciendo que tampoco en¬ 
tiendo lo que pasa. Simplemente me he elevado; 


13 


ha sido un momento único en el que las leyes de la 
física dejaron de regir para permitírmelo. La sus¬ 
pensión de todos los mecanismos conocidos que 
hacen funcionar al mundo, durante unos minutos, 
sólo para eso: dejarme cumplir un sueño. 


14 


quise esperarte despierta 
y me detuve al borde último del sueño 
entonces apareciste al pie de nuestra cama 
flotabas 

tu voz se escuchaba mínima en mi cabeza 
y la sensación sutil de que eras 
vos y nadie más que vos 
al centro de mi pecho 


15 


Te reconozco: vos y yo hemos compartido este 
borde otras veces. Te has metido a jugar con mi 
inconsciente. Te has paseado de un lado a otro de 
mi mente. Hemos sostenido unos diálogos intere¬ 
santísimos, gracias a los cuales has llegado a des¬ 
cubrir secretos míos que hasta yo misma descono¬ 
cía. Me lo pregunto cada vez que me despierto de 
uno de nuestros sueños: ¿seré tu amor, o seré tu 
experimento? 


16 


un poco así como dormir 

un poco así como estar despierto 

ninguna de las dos cosas y las dos al mismo tiempo 

en el borde todo pasa sin pasar 

en el borde nos encontramos 

y te cuento 


17 


Anoche salí a pescar. Llevé el viejo farol que usᬠ
bamos de niños en los campamentos, y un calde- 
rín que dejó olvidado un amigo en casa. La luna 
no competía. Entré en el mar oscuro como un mis¬ 
terio, empapé mi ropa de verano que se me pegó 
a la piel llena de sal. Los peces bailaron a mi alre¬ 
dedor, una danza húmeda y silenciosa. Y al verlos 
así brindarme ese espectáculo, no pude: volví a la 
arena con mi calderín vacío y apagué el farol para 
apreciar las estrellas 


en ese instante comprendí 

que estaba metida en un sueño tuyo 


18 



PARTE 2 


la bolsa de trapo 
de las palabras 



lo que no puede ser dicho 
ha de ser escrito 
en papeles de colores brillantes 
y así montones de hojas cubrirán el mundo con 

las palabras 
de los que no se animan 
a hablar 


De golpe me despierto y algo que no sé qué es 
no me deja moverme. Intento llamarte, y ese algo 
misterioso no me lo permite. Por más que abra mi 
boca, por más que proyecte las palabras que voy a 
decir, no puedo hablar: no salen los sonidos aun¬ 
que me esfuerce. Entonces se me cruza un pensa¬ 
miento: sigo dormida. Y, en ese mismo instante, 
me despierto. 

Me ha quedado una sensación de angustia en el 
pecho; de impotencia. Transpiro, y respiro con 
dificultad. Me giro en la cama para buscarte, y 
encuentro tu lugar vacío. Pienso que estarás en el 
baño, o que te habrás levantado a comer algo, así 


21 



que salgo a recorrer la casa buscándote. Necesi¬ 
to hablarte para comprobar que sí puedo hacerlo, 
que sólo he tenido un mal sueño, que todo sigue 
como siempre. Recorro uno a uno los ambientes 
de la casa, cada tanto prendo alguna luz, cada tan¬ 
to basta con la luz de los focos de la calle que entra 
por las ventanas. Pero vos no estás. Definitiva¬ 
mente no estás, lo que es tan raro... Decido gritar 
tu nombre, con fuerza, sí, voy a llamarte. Abro mi 
boca para proyectar un grito, aspiro, y el resultado 
es aterrador: no sale sonido alguno. Estoy sola, en 
medio de la oscuridad, y no puedo hablar. 

Me despierto completamente sofocada. Me siento 
en la cama de un tirón. Un sueño dentro de un 
sueño, pienso. Caramba, que sensación espantosa. 
Miro hacia tu costado de la cama: vacío: te has le¬ 
vantado. Así que hago exactamente lo mismo que 
en el sueño: salgo a recorrer la casa, buscándote. 
Me encuentro repitiendo, uno a uno, los movi¬ 
mientos del sueño, prendiendo y apagando algu¬ 
na luz, moviéndome en la penumbra. Hasta que 
decido, como en el sueño, llamarte. Sólo que esta 
vez sí puedo gritar, y grito tu nombre en el medio 
de la noche sin preocuparme por despertar a al¬ 
gún vecino. Es la mujer de al lado, pensarán, ¿qué 


22 


le estará pasando? Salen los sonidos con fuerza de 
mi boca, suelto tu nombre varias veces como si me 
fuera la vida en ello. Nadie contesta. 


23 


cada uno dejará caer un papel escrito 
en esta bolsa de trapo 
revolveremos 


es todo lo que voy a decir 
y es casi nada 

para el resto hay que meter la mano 
en la bolsa de trapo de las palabras 


he sacado un papel azul 
con la palabra que me toca leer 


24 




el resultado de la suma de las palabras 
dirá mucho más que la simple suma de las 

[palabras 

dirá lo que nadie dice aunque todos piensan 
los secretos mejor guardados por el lenguaje 


será el poema 


acabará como empieza 

silencio 


rascará el cielo 

como las torres de las iglesias góticas 
o las antenas de los edificios más modernos 


acompañará las mareas 


sabrá de astros y de agujeros negros 


sabrá como los niños saben sin saberlo 


25 









sabrá de ritmos y de fraseos 


quizás tenga eco 


26 



Empiezo a hablar y no paro. No puedo decidir 
qué decir y que callar: todo lo que cruza por mi ca¬ 
beza termina saliendo de mi boca en voz alta. Es¬ 
capa a mi voluntad. Empieza a darme miedo que 
te asustes: la mayor parte de las cosas que pienso 
son, cuando menos, ridiculas. Basura descarta- 
ble. Si tuviera que arriesgar qué porcentaje de mis 
pensamientos filtro a diario y decido no exterio¬ 
rizar, seguro sería un número muy alto. Pero vos 
seguís escuchándome como si nada pasara, y no te 
asombran, caramba, las cosas desubicadas, absur¬ 
das, insólitas que voy diciendo. Te quiero todavía 
más por eso, siento en el pecho cuánto te quiero 
mientras vomito ríos, cataratas, tsunamis de pen¬ 
samientos que, ay, madre mía, cómo me aturden. 


27 


ay 

caramba 

qué fácil es errarle al biscochazo 

suponer 

por ejemplo 

que se trata de un sueño 

que nadie lo sabrá a no ser que yo lo cuente 

que estoy segura de este lado de acá de mí misma 

que el borde último del sueño 

es al fin y al cabo 

secreto 


28 


PARTE 3 


otras voces suenan . 

. en el espacio del sueño 





ahora, después de leerte, 
me quedo callada 
una hora 
dos horas 

quizás haya dejado la boca abierta 
las manos prontas para apretar las teclas 
pero no sale nada 
no puedo 

vos que lo has sabido decir como ninguno 
dijiste la pobreza de tus padres 
dijiste lo que nadie dice sobre el sufrimiento 
ese libro tuyo es un canto a la tierra, al agua, al 

[cielo, 

a tu Dios que ojala te acompañe siempre 

y lo digo yo que nunca le creí nada 

como me enseñaron mis padres 

estos padres que tengo tan distintos a los tuyos 

pero que también saben de peleas sordas y silencios 

[cargados de palabras 

valientes 

palabras 


31 


calientes con el calor humano 

de los hombres y las mujeres acostumbrados a dar 


32 


ahora hablo un poco como vos 

casi no puedo evitarlo 

he de volver a mi centro 

he de concentrarme 

en lo que quiero decirles 

que ya se ha contaminado irremediablemente 

con lo que has dicho 


es lo que pasa con las palabras 


33 




el poema será escrito con las palabras de todos 
el orden será el orden en el que salgan de la bolsa 

habremos de ser cuidadosos con el lenguaje 

la casa de las palabras está hecha de palabras 


lo respetaremos como nos respetaremos entre 

[nosotros 

el poema es una construcción colectiva 


honraremos cada sílaba cada letra 

para encontrar la propia voz hay que conocer 

[la voz ajena 


34 





PARTE 4 


será el poema 



lo tenía redondo 
al poema 
y se me fue rodando 


37 



Me levanto temprano, pongamos a las 7 AM. Es 
un día de semana de, digamos, invierno. Sí, su¬ 
pongamos que todavía no se fue el invierno. Y 
supongamos que vivo donde vivo realmente, en 
el Barrio Sur, en alguna casa con la fachada pinta¬ 
da de amarillo y el interior de blanco, cerca de la 
rambla. La rambla es importante: me levanto así 
de temprano para salir a correr. Y corro durante 
una hora o algo así, mi cuerpo entra en calor bien 
rápido y siento el choque del aire frío contra mi 
cara mientras transpiro y recuerdo los kilos que 
necesito perder. Supongamos que entro a trabajar 
a las diez; las diez es una buena hora porque pue¬ 
do correr antes de eso, y todavía me queda algo 
de tiempo. Ese es el momento: ese algo de tiempo 
entre la carrera y el trabajo. Es ahí donde se cue¬ 
lan estos textos, ahí donde aprovecho para teclear 
todo lo que pensé mientras corría, más todo lo que 
arrastro desde el sueño con forma de recuerdos 
informes. Lo que traigo del borde último, cuando 
no es claro si duermo o estoy despierta. Suponga¬ 
mos eso. 


39 


con las palabras que dijeron otros 
mientras estaban presentes en un sueño mío 
más las que salieron de mi propia boca 
estando al borde 

armo ahora esta construcción etérea 

asimétrica 

evanescente 

cargada de pequeños guiños 
que vos vas a entender seguramente 
escribo para vos para mí para cualquiera 
que quiera detenerse un rato en el camino 


40 


PARTE 5 


un remoto hueco 
en el pasado 



lo que fuimos cuando éramos 
- vos y yo lo sabemos: 
en nuestras vidas está esa marca - 
ahora parece la invención 
de algún fantasma 

diremos lo que diremos, por ejemplo, a aquel 
amor que hemos dejado en el pasado 


43 




te miré de lejos y entendí 
que ya no me importaba 
y de golpe se me vino arriba una tristeza 
por todo lo que ya no importa 


44 


vino a buscarme tu voz 


mientras dormía 


vino a buscarme tu voz 


.con el sonido de las cosas viejas 

todo era noche y silencio. 

.miré hacia adentro y entendí 

al lado yacía mi amor. 

.que esta vez diría que no 


45 










Y entonces apareció su voz, sonando en el vacío 
del no lugar. Sonó desde el borde mismo del sue¬ 
ño. Aquella era una noche inmensa, de una oscu¬ 
ridad rotunda que la luna parda no alcanzaba a 
atenuar. Y su voz sonaba igual que hace años, con 
el mismo entusiasmo contagioso, casi infantil. Me 
revolví entre las sábanas. Vos dormías, estirado a 
mi costado. Y de golpe lo descubrí: su voz, que 
siempre había sonado en mi costado izquierdo, 
esta vez se ubicaba a mi derecha. Lo saludé con 
cariño, como se saluda a alguien que viene desde 
un remoto hueco en el pasado, alguien que apare¬ 
ce cargando unas flores que no son para mí, en un 
tono sepia; sepia él, sepias las flores. Saludé con 
cariño a su voz conocida, su voz amiga que acom¬ 
pañó otras noches en otros años. Y despacio, tra¬ 
tando de no hacer ruido, giré a la izquierda don¬ 
de, en el presente, tu cuerpo se estira cada noche 
en nuestra cama doble. 


46 


te escuché volver 
tu nombre 

era el eco de tu nombre 
tu voz 

era el eco de tu voz aquella 
que sonaba en los temporales asustados 
¿qué pasó en tu vida, te pregunté 
para que aparezcas ahora? 

¿o en la mía 
que pasó? 
nada 

fue la respuesta 


47 


es que no es cierto 
te extraño ya no es cierto 
no puede serlo 
los años 

que se enredaron con el tiempo infinito 
tienden a cero ahora 
cuando suena tu voz 


48 


PARTE 6 


el hilo de tu pensamiento 



agujero del sueño 
aparecías 
sé que eras 
tu boca me miraba 
llena de dientes 
los dos esperábamos algo 
como despiertos 


Es una noche sin luna, o quizás con ella; sólo que 
hasta la luna es parda en las noches auténticas. Es¬ 
toy soñando contigo. De pronto escucho tu voz, 
una voz que llega desde otro lugar; no desde el 
sueño, no desde el lado izquierdo de la cama, don¬ 
de vos estás durmiendo. 


51 



y entonces llega tu voz 

abriéndose paso entre la maraña del sueño 

viene como en secreto 

a anunciarme algo 

desde ese lugar incierto 

desde ese no lugar 

en donde sé que puedo encontrar a quienes quiero 

sólo hay que saber buscar 

sentir 

y ser paciente 


52 


encontré el hilo de tu pensamiento 
podría tejer con él una tela delicadísima 
para cubrirnos en verano 
el hilo de tu pensamiento se enrosca 
se desenrosca 

dibuja figuras insólitas en el aire 
está hecho de minúsculos sonidos entrelazados 
que componen esa música que conozco bien 
porque es la que me arrulla mientras duermo 


el hilo de tu pensamiento 
forma una madeja irregular 
de a ratos se presenta compacta 
de a ratos se suelta 


así como mi abuela 
tejía y tejía para sus nietos 
a mí me ha tocado destejer 
desenredar la maraña 
desentrañar el misterio 


53 





buscar 

sentir 

y ser paciente 


54 


así me lo anuncia tu voz 
durante el sueño: 
estoy empezando 
a despertar 


55 


sigo la línea de los sonidos 
finamente hilvanados 
por el silencio 
sutiles 
etéreos 
delicados 

este collar de cuentas del pensamiento 
de a ratos es finísimo cual si fuera un hilo de agua 
y de a ratos se ensancha como si estuviera hecho de lana 


56 


con tus secretos mejor guardados 


por aquí una palabra 

por allá alguna imagen caprichosa 

encaprichada 

un gesto 

una intención 


57 




PARTE 7 


la mujer de la boa 
y la sonrisa 



en el pecho 

donde se siente la esencia última de otra persona 


y te sentí llegar 

seguro 

desenvuelto 

sabías cómo moverte en el no lugar 
a puro instinto 


61 



Me enrosqué el buen humor como si fuera la bu¬ 
fanda de colores que me protege del frío cada in¬ 
vierno. O como esas boas de plumas que usan las 
actrices de varietés. Me lo enrosqué en el cuerpo 
antes de ir a la cama, para amanecer con él cada 
día, y así me levanté cada día, envuelta en el buen 
humor. Y así anduve por estas tierras que son las 
de mi infancia, las de mis abuelos; acá donde nos 
conocemos todos, acá donde todo se sabe. Me tre¬ 
pé al ómnibus enroscada en mi boa de colores, y al 
que me miraba asombrado le devolvía una sonrisa 
enorme porque sabía que en algún momento de 
la jornada iba a entenderlo: la mujer de la boa y la 
sonrisa, quizás esté algo loca, pero ante todo está 
feliz. 


62 


alguien dijo amor 

alrededor todo era silencio 

giré en mi cama hacia el costado izquierdo 

alguien volvió a decir amor 

abrí los ojos 

esperé alguna señal un rastro 
y en un instante 
cayó un rayo 
comprendí 

no importaba quién hablara 

cada vez que escuchara la palabra amor 

directo al pecho 

vos 


63 


es esta felicidad 


es esta paz 


la que quiero al centro 
de mi pecho 

cada noche en mi cama cada día en vigilia 


64 


por esta paz 

me levanto construyo siento 
armo un nuevo rompecabezas cada día 
aprendo lo que es cuidar 
me visto me desvisto 
empiezo a veces por el final 
comprendo 
abrazo la paciencia 
me afilio al buen humor 
a la delicadeza 

por esta paz levanto la cabeza y sigo 
como si no tuviera miedo de la noche 
y accedo a mis costados más profundos 
porque sé que vuelvo a estar contigo 


65 


La mujer de la boa y la sonrisa se prepara para 
el viaje. En unos meses, cargará algo de ropa en 
su valija, se pondrá su vestido de verano, tomará 
un taxi y dirá: al aeropuerto. Una vez allí hará la 
fila, subirá al avión que ha de despegar en paz, 
que ha de volar seguro entre los algodones blan¬ 
cos, seguro aún en medio de alguna turbulencia. 
Y aterrizará en París, adonde estuvo hace tantos 
años aunque no ha olvidado las pequeñas cosas: 
el olor de los crepes en los puestos de las calles, 
las buhardillas forradas de tejas grises donde so¬ 
ñaba con tener un cuarto, las mesas con libros en 
el borde del río, el sonido de las voces que trataba 
de imitar sabiendo poco o nada del idioma. Subirá 
a Sacre Coeur pasando por la feria de los artesa¬ 
nos, para recuperar aquella vista de la ciudad que 
guarda en la parte de atrás de sus ojos. La mujer 
de la boa y la sonrisa, viajará para caerse de es¬ 
paldas de hermosura, y respirar profundamente 
el aire lleno de acento francés. Soy esa mujer que 
hará ese viaje. Y llevaré mi boa porque iré contigo. 


66 


PARTE 8 


epifanía 



corría por la rambla 

cuando un pájaro amarillo cruzó mis ojos 
venía desde el mar 
y volaba en dirección a nuestra casa 

contámelo en secreto, pequeño pájaro amarillo; 
vos que tenés el color que enciende el día, vos que 
todo lo ves desde lo alto; contame de las luces y las 
sombras de esta ciudad tranquila, de las vueltas 
que da la gente a lo largo de los tiempos; habíame 
de la sensación de libertad y el vértigo de bajar en 
picada entre los edificios 

pequeño pájaro amarillo 
enseñame el camino 
cruzá mi corazón como un augurio 
antes de volver al nido 


69 




duró un instante 
y todo fue tan claro 
tu sabiduría 

tu voluntad de acercarme 
al mundo de los despiertos 
tu férrea disciplina 
tu forma de hacer silencio 
tu costumbre de entrecerrar los ojos 
aquel gesto 

todo eso cobró un nuevo sentido 
te vi 


70 


en el no lugar 

donde se juntan el sueño y la vigilia 
pliegue del tiempo sin reloj 
espacio abierto 


puesta en abismo 


giro cósmico 


si lo pienso con el pensamiento lógico 
no alcanzo a comprenderlo 

se me escapa se escurre como un puñado de agua 

se ríe de mis neuronas asombradas 

azoradas 

asustadas 

exhaustas 


71 




un pensamiento sin palabras 

una sensación envolvedora 

una certeza en la boca de la razón 

una punzada en el centro del estómago 

suena a presagio 

y desata una tromba 

de sentimientos 


72 


PARTE 9 


Vamos a hacer un trato: 
podés jugar con mis muñecas rusas 



Cuando te vi llegar, venías con una niña de la 
mano, tan pequeña que daba miedo asustarla. Pri¬ 
mero la miré de lejos: era hermosa. Me le acerqué 
muy despacio. Iba a dejarla dar el último paso: que 
fuera ella la que me tocara primero. Busqué en mi 
biblioteca unos muñecos que había traído de un 
viaje. Memoricé canciones infantiles. Me sumergí 
en el universo de los dibujos animados. Compré 
libros, moñas para el pelo y huevos de chocolate. 
Me dispuse a jugar juegos nuevos. Aprendí a es¬ 
cucharla. Fui paciente. 

Y un día sentí el contacto. 


75 


ella pasa como una tromba 
es una ráfaga que todo lo despeina 
la casa que era mi TOC 
ahora está patas arriba 
y he acabado por reírme de eso 


76 


Lo confieso: en los tiempos difíciles, a veces me 
descubría contando los días para que se fuera. 
Ahora cuento los días para que llegue, y camino 
del trabajo a casa adivinando qué hará esta vez 
cuando escuche la llave en la puerta; saldrá co¬ 
rriendo a esconderse para que la descubra o ven¬ 
drá corriendo a abrazarme. 


77 


voy a sostener tu mano en el espacio del sueño 
para que duermas sabiendo que estoy contigo 

voy a pasear por tus sueños de niña inquieta, voy 
a esconderme para que me encuentres mientras 
estés dormida, voy a calmarte cuando aparezca 
alguna pesadilla, voy a cantar la canción aquella 
que nos gusta, voy a inventarte un cuento para 
que lo sueñes 


78 



vos 


que has sido para mí un regalo 
de la vida 
para que sepas 
vos 

que podés contar conmigo 


79 



PARTE 10 


la casa de las palabras 
está hecha de palabras 



para construir nuestra casa utilizamos 
el material liviano con el que están hechos los 

[sueños 

etéreo 

envolvente 

y nuestra casa se levanta blanca a pasos del mar 
en la terraza 

una pérgola nos sombrea el verano 
y las santa ritas se enroscan en los palos 
como las vimos hacer en las islas griegas 

quisiste pintar una pared del cuarto 
de azul de azul para acordarnos siempre: 
desde aquí se toca el cielo con las manos 

al sur al sur la quisimos 

en este barrio que es pueblo 

y es candombe 

que es domingos de rambla 

y medio tanques en las veredas 

al sur al sur con el viento 


83 





camino por estas calles que son las de mi barrio 
me cuelgo en pequeños detalles olvidados 

El cartel de neón del bar Andorra. El busto en la 
plaza Carlos Gardel. Balcones con macetas reven¬ 
tando de flores de colores. Un perro negro cruza 
la rambla a toda velocidad. Los pliegues del vesti¬ 
do celeste de Iemanjá. Una placa en el piso marca 
el lugar donde murió Delmira. Parejas que bailan 
tango en el Museo del Vino. Cuando hay bajante 
no hay pique. Pilares verdes marcan los kilóme¬ 
tros. Un enorme barco de carga se apoya al filo del 
cielo. 


84 



para construir nuestra casa 
elegimos las palabras justas 
y los silencios 
que esculpieran el espacio 
hasta que fuera de los dos 


lo primero fue la puerta 


85 



En nuestra azotea las plantas crecen a su aire. Pa¬ 
rece que siempre hubieran estado ahí: las santa 
ritas enroscadas en la pérgola, las más pequeñas 
colgando de los maceteros hechos con pallets. 
Acá arriba el sol pica en el verano, y en los meses 
más crudos del invierno, sopla con fuerza desde 
el mar. Nuestro perro se echa en su rincón solea¬ 
do, al abrigo del viento. Atrás, cuelga la ropa se¬ 
cándose en las cuerdas. El parrillero descansa; ya 
trabajará para nosotros el próximo domingo. Y si 
hacemos silencio y nos abstraemos del ruido de 
alguna moto que atraviesa la calle cada tanto, se 
escucha de fondo el mar. 


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me contagio de tu espíritu cada día 
eso tuyo que quiero conmigo 
eso tuyo que quiero para mí 


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pasó el viento y decidió quedarse 
aquí en el barrio sur 

en la calle Paraguay se entuba el viento que sube 
desde la rambla, ulula, chilla como un perro au¬ 
llando, es este aullido que nos despierta y también 
nos arrulla, el fondo musical de todos los días y 
todas las noches, sopla del sur y se queja como un 
saxo dolorido, es como tener a Miles Davis vivien¬ 
do al lado, pasá, viento del sur, entrá en nuestra 
casa para limpiarlo todo, llévate lo que no quere¬ 
mos, barré los restos del cansancio y la rutina, des¬ 
péjanos el corazón y la cabeza, déjanos listos para 
empezar de cero 


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de a ratos me lo pregunto 

porque el límite suele no estar claro 

no será todo un engaño 

vos 

ella 

nuestra familia 
nuestra casa blanca 
un engaño 

de mi mente aburrida de estar sola 


puesto a inventar mi inconsciente 
en una 

de mis más ferméntales 

duermevelas 


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Junio de 2010 


LA HOJA Q1JE PIENSA 


1. Jorge Meretta 

El sobrante del humo (2000) 

2. Rafael Courtoisie 
Fronteras de Umbría (2002) 

3. Leonardo Gairet 

80 noches y un sueño (2003) 

4. Martha Terra 

El círculo del fuego (2003) 

5. Ramiro Guzmán 

El cielo peregrino (2003) 

6. Eduardo Milán 
Ganas de decir (2004) 

7. Roberto Appratto 
Levemente ondulado (2005) 

8. Amanda Berenguer 

Las mil y una preguntas (2005) 

9. Cristina Meneghetti 
Un lugar donde vivir (2005) 

10. Cristina Peri Rossi 

Mi casa es la escritura (2006) 

11. Jorge Arbeleche 

El bosque de las cosas (2006) 

12. Salvador Puig 
Escritorio (2006) 

13. Alfredo Fressia 

Senryu o El árbol de las sílabas (2007) 

14. Hebert Abimorad 
Nuevos poemas frugálicos (2009) 

15. Martha Canfield 
Sonriendo en el camino (2011) 

16. J. Manuel García Rey 

Acaso toda la luz y antología (2013) 

17. Alfredo María Villegas 
Sin ella, nada (2018) 










La poeta insiste -acertadamente- en nombrar el borde porque cuando 
el sol incendia la mañana / me detengo al borde último del sueño / donde 
las cosas pasan sin pasar Iy te encuentro. ¿A quién?, ¿a la palabra?, ¿a la 
poesía?, ¿o ellas son una metáfora del amor? 

Los textos en prosa son un nexo, un respiro necesario donde el poema 
continúa con una sintaxis diferente pero no libre de poesía. La palabra 
es una continuidad manifiesta en el ritmo vital de la poeta: Por más 
que abra mi boca, por más que proyecte las palabras que voy a decir, no 
puedo hablar (...) 

La vanguardia de la buena poesía donde importa la palabra y el lengua¬ 
je se hibridiza holísticamente con el pensamiento en tiempos aciagos, 
tanto para el lenguaje como para el pensamiento: el resultado de la suma 
de las palabras / dirá mucho más que la simple suma de las palabras ¡ dirá 
lo que nadie dice aunque todos piensan / los secretos mejor guardados por 
el lenguaje. 

Duermevela es un acierto de Matilde Lorenzo, en el que, con abso¬ 
luta fidelidad, la poeta irrumpe con su palabra verdadera con la que 
ha puesto a inventar mi inconsciente / en una / de mis más ferméntales / 
duermevelas. 

Alfredo María Villegas Oromí